
Aunque la infancia me enseñó
que ganar nunca sabría,
siempre me empeño en jugar.
Y no hay peor muerte que saber
que estás destinada a perder
y seguir apostando la vida.
En realidad buscaba la inconsciencia,
la oscuridad más profunda,
donde todo era válido.
La muerte era una excusa.
En realidad buscaba el dolor,
donde todo lo que te rodea desaparece,
y sólo existe lo que te duele.
La ausencia era una excusa.
En realidad buscaba la ira,
la concentración en un punto,
que era mi abandono.
El mundo era una excusa.
En realidad me buscaba a mí,
perdida en la nada,
sin vida.