
Las palabras son piedras,
y las manos que las lanzan, poderosas.
Una palabra en el momento justo
puede derribar una fortaleza
y matar a una persona;
puede herir un alma
y resucitar una vida;
puede salvar una situación
o condenarla a la ruina.
Las palabras que me lanzaron
las bocas asesinas
me hundieron y me levantaron,
me crearon y me mintieron,
dejándome bajo la piel sus esquirlas.
Esa boca que me regaló
las palabras más hermosas,
un día me cortó las alas
con ambigüedad resentida.
No dijo nada concreto,
si acaso eso importara;
me negó el vuelo adulto
y la libertad en calma.